Cinema

"El heladero" es una cinta inquietante y perversa sobre el colapso de un suburbio de ensueño convertido en el hogar de grotescas pesadillas cubiertas de chispas de caramelo.

El director Eli Roth, conocido por su habilidad para encontrar el humor negro en los rincones más oscuros del horror y el gore, construye “El heladero: Dulce sabor a muerte” sobre una premisa que…

Por Andrés Naime3 de septiembre de 20263 min de lectura
"El heladero" es una cinta inquietante y perversa sobre el colapso de un suburbio de ensueño convertido en el hogar de grotescas pesadillas cubiertas de chispas de caramelo.

El director Eli Roth, conocido por su habilidad para encontrar el humor negro en los rincones más oscuros del horror y el gore, construye “El heladero: Dulce sabor a muerte” sobre una premisa que abraza sin tapujos el espíritu del horror grotesco, la comedia macabra y el cine de explotación típico de las películas B: un misterioso hombre que embruja a los niños para que se rebelen contra los adultos. 

La cinta arranca en un tranquilo pueblo estadounidense, donde el béisbol y los juegos infantiles en el parque comunitario son lo más importante que pueden hacer los niños en los suburbios. Durante el juego de béisbol nos damos cuenta de la inocencia del niño Jared (Charlie Zeltzer) siendo buleado por la mayoría de sus compañeros por no ser buen jugador y parecer nerd. Todo se paraliza cuando llega un hermoso camión de helados para refrescar el caluroso día de juegos. Tanto los sabores como el heladero (Ari Millen) son un misterio para todos, pero deciden no prestarle atención y pensar que todo es muy normal. Todos menos Jared asumen la normalidad de la situación y ayuda que no pudo comer ninguno de los helados por su intolerancia a la lactosa. 

Su hermana mayor, Lizzie (Sarah Abbott), lo protege y molesta de vez en cuando, como cualquier relación de hermanos que se quieren. Sus padres, Marty (Eli Roth) y Alison (Karen Cliche), les informan que estarán fuera unos días y le piden a Lizzie que cuide a su hermanito. Esa noche, algo raro pasa en todo el pueblo: cuando el camión del heladero recorre las calles con su música, los niños, como poseídos, atacan a sus papás o a cualquier adulto, haciendo de la noche una verdadera masacre.

Jared, que no comió helado, llega a la escuela a la mañana siguiente sin ningún efecto. Sin embargo, sus compañeros entran a sus clases como zombies. La situación empeora cuando el heladero regresa, dándoles más helados y provocando que persigan y maten brutalmente a sus maestros. Jared encuentra ayuda en su hermana y dos compañeros que tampoco comieron helado, Mia (Kiori Mirza Waldman) y Tommy (Shiloh O’Reilly). Juntos, se embarcan en una misión para descubrir cómo derrotar al heladero y poner fin a la epidemia de violencia veraniega. 

Lo mejor de Roth es que entiende quela trama funciona mejor cuando deja de intentar ser un horror convencional.  Su objetivo no es crear un misterio particularmente intrincado, sino llevar la violencia desatada y sangrienta a sus últimas consecuencias. Dado que la película se basa en el cómic homónimo, su ritmo es veloz, reflejando los sketches de humor y carnicería del material original. 

En fin, “El heladero: Dulce sabor a muerte” no se esconde de su gusto por el exceso; al contrario, lo abraza con los brazos abiertos. Roth vuelve a demostrar su habilidad única para mezclar humor, repulsión y espectáculo. Las muertes, los efectos prácticos y el maquillaje grotesco contribuyen a una cinta que busca provocar una reacción visceral antes que una reflexión profunda. La película es una revolución y pesadilla infantil sin límites, resultando en un horror-comedia descarado, sangriento y consciente de su propia naturaleza.