Cinema

La entretenida comedia erótica “Quiero tu sexo” constituye una disertación satírica provocadora y transgresora sobre el deseo y el poder con el sello distintivo de Gregg Araki.

Tras casi diez años fuera de la pantalla grande, Gregg Araki, figura destacada del cine independiente conocido como “New Queer Cinema”, presenta “Quiero tu sexo”: una comedia erótica de humor negro…

Por Andrés Naime 4 de octubre de 20264 min de lectura
La entretenida comedia erótica “Quiero tu sexo” constituye una disertación satírica provocadora y transgresora sobre el deseo y el poder con el sello distintivo de Gregg Araki.

Tras casi diez años fuera de la pantalla grande, Gregg Araki, figura destacada del cine independiente conocido como “New Queer Cinema”, presenta “Quiero tu sexo”: una comedia erótica de humor negro que transforma el deseo, las dinámicas de poder y las inseguridades generacionales en material para una sátira deliberadamente descarada. El resultado es un relato que transita con libertad entre la provocación sexual, la comedia absurda, el thriller y la parodia del arte contemporáneo.

La trama inicia con un prólogo sacado de un thriller sangriento con un cuerpo ahogado en la piscina de una lujosa mansion al estilo “Sunset Boulevard”. De eso la cinta retrocede y sigue a Elliot Bell (Cooper Hoffman), un joven recién egresado de Universidad de California, que consigue un trabajo como asistente en la galería de arte de la reconocida artista, provocadora e iconoclasta Erika Tracy (Olivia Wilde). Y de entrada le propone directamente ser su juguete sexual sin ataduras ni condiciones, dejando al tímido Elliot paralizado. 

Tras esta breve introducción, volvemos al inicio de su empleo en la galería para observar cómo un puesto que parecía una oportunidad profesional excepcional adquiere rápidamente una dimensión más allá del apoyo laboral, pues Elliot se obsesiona con la belleza de su jefa. Erika, figura de culto en la escena artística de Los Ángeles, nota su admiración y decide convertirlo en su objeto sexual, lo que nos regresa al inicio de la cinta. Después de definir los términos de una relación resguardada por acuerdos de confidencialidad, Erika lo introduce en un juego de dominación y sumisión que transforma al joven en su musa sexual. 

Para Elliot, atrapado hasta entonces en una relación emocional y sexualmente insatisfactoria con la Dra. Minerva (Charli XCX), la experiencia representa una ruptura radical con todo aquello que creía conocer sobre el deseo. La relación también lo obliga a confrontar su propia timidez, sus fantasías y una generación que, según Erika, ha aprendido a temerle demasiado al sexo.

Pero lo que comienza como una fantasía de liberación pronto adquiere dimensiones más peligrosas. Mientras Elliot se adentra cada vez más en el universo de Erika, un mundo de arte, exhibicionismo, egos, obsesiones y juegos de poder, la frontera entre consentimiento, manipulación, admiración y explotación comienza a hacerse deliberadamente borrosa. Apple (Chase Sui Wonders), amiga y roomie de Elliot, observa su transformación con una mezcla de preocupación y desconcierto, al igual que sus compañero en la galería: Zap (Mason Gooding) y Vikktor (Daveed Diggs). 

Como se anticipa en el breve prólogo, la trama se vuelve más compleja cuando el juego sexual se entrelaza con una investigación criminal que incluye traición y asesinato, lo que obliga a Elliot a cuestionar cuánto sabe de la mujer que lo introdujo en este entorno. Los detectives Zem (Johnny Knoxville) y Zola (Margaret Cho) impulsan la película hacia un final que combina misterio, humor y una reflexión inesperada sobre las consecuencias de aprender a desear. 

La propuesta del guion coescrito por Araki y Karley Sciortino sostiene que una película sobre sexo no tiene por qué ser solemne, escandalosa o moralizante. Araki la presenta como divertida, incómoda y profundamente juguetona, con una mirada contemporánea hacia una generación que vive la sexualidad entre la ansiedad, la exposición pública y el miedo a equivocarse. El personaje de Elliot encarna la torpeza, la contradicción y el desorden inevitable que surgen al buscar la satisfacción personal al iniciar la vida adulta y profesional. 

Wilde aporta una presencia escénica que evoca a las grandes divas del cine clásico, pero la sitúa en un entorno contemporáneo de arte conceptual, provocación y cultura pop. A su lado, Hoffman ofrece un contrapunto notable como un joven vulnerable, cómico y vibrante en constante desconcierto, lo que hace que su transformación resulte emocionalmente convincente. Su química con Wilde constituye uno de los motores principales de la película. 

Araki se apoya visualmente en el director de fotografía Tucker Korte, cuya labor resalta la naturaleza artificial y sensual del mundo de Erika. La dirección de arte de Mike Conte y el diseño de producción de Angelique Clark transforman los espacios en prolongaciones de la personalidad de la protagonista, mientras que el vestuario de Arianne Phillips y Monica Chamberlain ayuda a definir a Erika como una figura de performance genuina. El resultado posee una identidad visual que no persigue el realismo, sino una fantasía pop deliberadamente exagerada.

En última instancia, “Quiero tu sexo” celebra el derecho a equivocarse. Su provocación no reside solo en exhibir cuerpos, deseos o prácticas, sino en recordarnos que el deseo puede ser ridículo, incómodo, contradictorio e incluso peligroso, aunque también sea una ruta hacia el autoconocimiento. Si buscan un rato divertido y sin pretensiones en el cine, esta es la cinta perfecta: una comedia erótica divertida sobre la intimidad, el poder y la urgencia de descubrir quiénes somos al dejar de actuar como los demás esperan.