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“Verity: la sombra de un engaño” es un thriller enigmático y seductor, cargado de sobresaltos, donde la verdad puede convertirse en la ficción más peligrosa. Un Hitchcock contemporáneo marcado por el deseo, la obsesión y secretos capaces de destruirlo todo.

El director Michael Showalter, con “Verity: la sombra de un engaño”, se adentra en el terreno sombrío del thriller psicológico que gira en torno a la sospecha, el deseo y la dificultad de distinguir…

Por Andrés Naime1 de octubre de 20265 min de lectura
“Verity: la sombra de un engaño” es un thriller enigmático y seductor, cargado de sobresaltos, donde la verdad puede convertirse en la ficción más peligrosa. Un Hitchcock contemporáneo marcado por el deseo, la obsesión y secretos capaces de destruirlo todo.

El director Michael Showalter, con “Verity: la sombra de un engaño”, se adentra en el terreno sombrío del thriller psicológico que gira en torno a la sospecha, el deseo y la dificultad de distinguir dónde termina la ficción y comienza la verdad. Adaptada de la novela homónima de Colleen Hoover por Nick Antosca, la película nos sumerge con lentitud en un misterio tan cautivador como inesperado, lleno de sobresaltos en el trayecto. 

La historia comienza cuando Lowen Ashleigh (Dakota Johnson), una escritora poco conocida con dificultades económicas y profesionales, recibe una oportunidad que podría transformar su trayectoria. Su agente la convoca a las oficinas de una editorial famosa, pero al llegar presencia un grave accidente en la entrada. Un amable y guapo transeúnte que también fue testigo la ayuda a recuperarse y a llegar a tiempo a su reunión. 

Al llegar a la reunión, le sorprende descubrir que el desconocido que la ayudó es Jeremy Crawford (Josh Hartnett), quien desea contratarla para completar la exitosa serie de novelas de su esposa, Verity Crawford (Anne Hathaway). Verity es una autora célebre e incapacitada de forma indefinida tras un accidente automovilístico, y la editorial le pide terminar los libros pendientes del contrato sin revelar su participación a cambio de una remuneración económica considerable. 

Lowen se instala de forma temporal en la imponente y hermosa propiedad de los Crawford, donde debe revisar las notas y estudiar los materiales de Verity para replicar su voz literaria y concluir una saga que millones de lectores aguardan. Sin embargo, lo que al principio parece un encargo profesional pronto adquiere una dimensión mucho más inquietante. 

El tener la presencia ahí de Verity, toda silenciosa, inmóvil e incapaz de comunicarse, invade cada rincón de la mansión rústica con un sentir de angustia, mientras Jeremy intenta mantener una apariencia de normalidad después de las tragedias que han golpeado a su familia, ya que además del accidente de su esposa, su hija pequeña, Harper (Sienna Kulovitz) murió en un accidente en un lago cercano a la propiedad, a la cual sobrevivió el otro hijo de los Crawford, Crew (Brady Wagner). En su primera noche, Lowen comienza a sentir una atracción sexual entre ambos, lo que la hace cuestionarse cuánto conoce realmente Jeremy y el amor que le tiene a su esposa que no puede moverse ni procesar pensamiento alguno.

Todo empieza a ponerse más intenso y sospechoso cuando Lowen al revisar los papeles de Verity descubre un manuscrito autobiográfico que aparentemente escribió en secreto. Sus páginas contienen confesiones estremecedoras sobre la intimidad del matrimonio, la vida familiar y acontecimientos que podrían modificar por completo la percepción que Lowen tiene de la famosa escritora. 

A partir de ese momento, la joven queda atrapada entre dos posibilidades igualmente perturbadoras: que el manuscrito sea una confesión auténtica de una malvada identidad de Verity o que forme parte de una elaborada construcción literaria con otras intenciones que no comprende sobre su relación con Jeremy y sus hijos. 

Mientras intenta determinar qué versión de Verity es real, Lowen se aproxima cada vez más a Jeremy y comienza a experimentar una intensa atracción que complica sus responsabilidades profesionales y su capacidad para juzgar objetivamente lo que está sucediendo. La casa se transforma así en un laberinto emocional en el que deseo, culpa, manipulación y ambición literaria se entrelazan hasta hacer que la protagonista dude incluso de sus propias conclusiones. 

El gran gran acierto de la dirección de Showalter reside en comprender que su mayor arma no son necesariamente los giros argumentales, sino la ambigüedad que existe alrededor de sus personajes. La adaptación de Antosca aprovecha precisamente esa incertidumbre para colocarnos en la misma posición que Lowen: observar, sospechar y reconstruir los hechos sin tener nunca la seguridad de poseer toda la información. 

Showalter encuentra además un interesante equilibrio al construir y thriller lleno de erotismo y suspenso. Las relaciones de sus protagonistas son ya sea en tiempo real o flashbacks establecen una estructura de poder en el triángulo amoroso que surge al parecer espontáneamente. Toda la trama se nota interesada en explorar cómo el deseo puede modificar la percepción y complicar todavía más la búsqueda de la verdad.

Esto se percibe con claridad en las interpretaciones de los protagonistas. Johnson presenta a una figura vulnerable, inteligente y obsesiva por hallar la verdad; lejos de ser víctima de las circunstancias, se muestra como una mujer que, al adentrarse en el mundo de Verity, cuestiona su lugar en él. Su transformación es gradual y psicológicamente coherente, incluso cuando las situaciones se vuelven cada vez más extremas.

Hathaway brilla como Verity al aprovechar su limitada movilidad física para transformar silencios, expresiones y miradas en recursos narrativos. La cámara juega con ella sin descanso: ¿es una mujer aterradora y diabólica, una víctima incomprendida, una manipuladora excepcional o algo más complejo? Hathaway explota con intención esa incertidumbre del papel villano para convertirse en el motor dramático del filme.

Mientras que Hartnett aporta suficiente calidez, sensualidad y vulnerabilidad para que Jeremy resulte genuinamente difícil de descifrar. La química entre Hartnett, Johnson y Hathaway sostiene buena parte de la tensión de la película, porque Verity entiende que la atracción también puede funcionar como una forma de peligro. 

Visualmente, Verity apuesta por una atmósfera sofisticada. La casa de los Crawford funciona como una extensión psicológica de sus habitantes: elegante, aislada y aparentemente perfecta, pero llena de espacios que esconden información. La dirección de fotografía de Jim Frohna aprovecha esa arquitectura para construir una sensación de vigilancia permanente y utiliza un sin fin de elementos eroticos para apoyar la trama de suspenso.  Por otro lado la edición de Jay Cassidy administra la información con suficiente paciencia para permitir que las sospechas se acumulen. La banda sonora de Volker Bertelmann añade otra capa de tensión sin competir constantemente con las actuaciones. 

El resultado con “Verity: la sombra de un engaño” es un thriller elegante, sensual y deliberadamente incómodo, que obtiene gran parte de su fuerza en la incertidumbre. Resulta fascinante adentrarse en una historia donde ningún personaje controla por completo la narración, lo que nos plantea como espectadores qué estamos dispuestos a creer cuando el relato confirma lo que secretamente deseamos aceptar. Ahí reside lo más atractivo de este thriller: al observar un mundo construido alrededor de escritores, manuscritos, secretos y deseos, la verdad puede ser también la ficción más peligrosa de todas.