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Con una trama sólida, profunda y coherente, llena de acción y humor, “Thunderbolts*”, va directo a ser considerada una de las mejores cintas de la nueva era de Marvel. 

El director Jake Schreier de “Thunderbolts*” nos da al público una de las películas más emotivas y profundas de la complicada historia del Universo Cinematográfico de Marvel. Apoyándose en un guion muy bien estructurado escrito por Eric Pearson y Joanna Cole, Schreier logra una cinta llena de llena de acción y humor negro que convertirá a sus antihéroes en el tema de conversación de todos los cinéfilos. 

Obvio no se puede resumir la trama sin spoilearla pero intentaré hacer una reseña lo más clara posible. La mercenaria a sueldo y Viuda Negra Yelena Belova (Florence Pugh) está aburrida de su trabajo de realizar atracos y eliminar objetivos de alto valor para la poco confiable jefa de la CIA, Valentina Allegra de Fontaine (Julia Louis-Dreyfus). Aún de luto por la muerte de su hermana Natasha y sin recibir apoyo de su padre Alexei (David Harbour), un ex superhéroe soviético y ahora conductor de limusinas, Yelena le ruega a su jefa por un trabajo de cara al público más reconocido después de una última misión. Pero Valentina, quien enfrenta audiencias públicas en un juicio político para quitarle su cargo, encabezadas por los congresistas Gary (Wendell Pierce) y Bucky Barnes (Sebastian Stan), necesita cortar lazos con Yelena y todos sus otros sucios colaboradores  por completo. 

Yelena, el fracasado y deshonrado rechazado del Capitán América, John Walker (Wyatt Russell), y la superhumana teletransportadora Ava Starr (Hannah John-Kamen) son enviados a una instalación aislada en el desierto para matarse entre sí por la ingenua asistente de Valentina, Mel (Geraldine Viswanathan). Al darse cuenta justo a tiempo de que les han tendido una trampa, se unen para descubrir la verdad y limpiar sus nombres, junto a un misterioso muchacho con amnesia Bob (Lewis Pullman), quien quedó atrapado en la misma habitación que ellos sin saber cómo ni porqué. Pero cuando Mel le informa a Valentina que Bob sigue vivo, se olvida matar a sus cabos sueltos y centra su atención en asegurarse de que los secretos que la mente de Bob guarda en su interior se aprovechen al máximo.

La cinta se mantiene fiel a la fórmula de Marvel, pero también valora la inversión que los fans han hecho en estos personajes, tanto nuevos como antiguos, lo que lleva al clímax más emotivamente impactante que el MCU haya tenido desde “Avengers: Endgame”. La trama nos recuerda la humanidad y la compleja moralidad de los personajes surgidos de estas series de cómics y las aprovecha al máximo. Para que al término de la misma el nivel de satisfacción por parte de la audiencia los lleve a un clamor colectivo y esperando la siguiente cinta. 

Es la Yelena de Pugh quien se erige como el alma de la película irónicamente ya que es una asesina con tanta sangre en las manos que la ha sumido en la desesperación pero quiere ser recordada como heroína. Vemos todo el arco del personaje donde se siente sola, harta de realizar asesinatos con poco que mostrar salvo un hogar vacío y un corazón vacío hasta buscar una conexión familiar y quizá con el mundo mismo. 

Como es habitual en los productos de Marvel, la película está hábilmente presentada, con el diseño de producción de Grace Yun y el vestuario de Sanja Milkovic Hays, todo ello plasmado en la impecable cinematografía de Andrew Droz Palermo. El diseño de sonido de David Farmer es estelar, mientras que la banda sonora de Son Lux, afortunadamente, se aleja de las típicas composiciones típicas de este género.

Así que no duden en ir inmediatamente a su cine favorito más cercano para disfrutar de “Thunderbolts*” y recobrar la fe en lo que la nueva era del Universo Cinematográfico Marvel está por brindarnos. 

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