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“Otro viernes de locos” es una cinta que todos disfrutarán tanto por las actuaciones de sus protagonistas como por servirle a la nostalgia del Y2K y el pop punk una nueva aventura que se siente fresca y simpática. 

Después de 22 años, Lindsay Lohan y Jamie Lee Curtis regresan en “Otro viernes de locos” como Anna y Tess Coleman, en una secuela que no solo revive la magia de “Viernes de locos” del inicio del milenio, sino que la amplía con nuevas capas emocionales y humorísticas. Dirigida por Nisha Ganatra nos adentramos nuevamente a la fantasía de intercambiar mentes para crear empatía familiar y multigeneracional. 

En un breve prólogo nos enteramos Anna (Lohan) dejó su sueño de ser estrella de la música por ser manager de artistas al mismo tiempo que es madre soltera mientras que su madre, Tess (Curtis) sigue ejerciendo como psicóloga pero ahora intentando también hacer podcasts sobre ello. La hija de Anna, Harper (Julia Butters) sacó la misma rebeldía adolescente de su madre que vimos en la primera parte. Por ello, adopta pasivamente algunas de las técnicas terapéuticas de su madre, sin mucho éxito con su hija, quien se escapa a surfear en lugar de despertarse con las llamadas de atención programadas por su madre para ir a la escuela. Ahí, Harper no deja de quejarse de una nueva alumna británica que para ella es totalmente desagradable.

La chica británica es Lily Davies (Sophia Hammons), con quien Anna terminará emparentando después de que Anna choca con su padre, Eric (Manny Jacinto), en un encantador encuentro terminando en un fugaz romance y casamiento. Ahí es que entramos en el terreno conocido de la saga. Después de que una adivina (Vanessa Bayer) lee por separado la fortuna de la madre y la hija y de las futuras hermanastras, prometiéndoles que les ayudará a “enmendar sus errores”, ocurre lo inevitable. Las cuatro mujeres de la familia Coleman-Davies intercambian cuerpos, cumpliendo así la premisa de vivir nuevamente un viernes de locura.

El guion escrito por Jordan Weiss introduce un ingenioso intercambio corporal cuádruple lo cual deriva en situaciones caóticas, versátiles y sorprendentemente coherentes. La anécdota va más allá del simple déjà-vu, aunque retoma lo elementos del original como la magia de tocar en el grupo Pink Slip y tensiones intergeneracionales, Weiss logra entretejer nuevas dinámicas familiares, centradas en el choque cultural entre generaciones (boomers, millennials y Gen Z) y consejos sobre empatía y comprensión entre madres, hijas y abuelas. 

Curtis se luce con su característico humor físico y emocional, especialmente como adolescente atrapada en un cuerpo anciano, consiguiendo risas y ternura al mismo tiempo. Lohan brilla como madre cómica y sentimental, mientras que  Butters y  Hammons demuestran que están a la altura de las veteranas. Y para amarrar todo el espíritu nostálgico de la primera parte, regresa todo el elenco pero ahora ya como adultos: Chad Michael Murray como guapo Jake, Ryan Malgarini como el odioso hermano de Anna y Mark Hammon como el adorable esposo de Tess, Ryan. Jacinto también logra aportar encanto y química romántica como el nuevo interés de Anna. 

“Otro viernes de locos” es verdaderamente una comedia desenfrenada pero con mucho corazón. El humor se despliega en secuencias memorables: desde Tess en el cuerpo de Lily haciendo compras de productos de cuidado geriátrico hasta Anna (en el cuerpo de su hija) tratando de seducir a Jake en una tienda de discos mientras Tess busca Coldplay como música “de viejos”. Todo esto, y más, logra sacarnos una que otra lágrima por los personajes que tanto queremos y el emotivo viaje que atraviesan para lograr la empatía necesaria para romper el intercambio de cuerpos. 

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