“Dreams: sueños” es un drama intenso, sexual y violento, donde los protagonistas comparten sueños y deseos sin saber si estos los unirán o separarán.
La nueva cinta del director mexicano Michel Franco, “Dreams: sueños” logra volver a ofrecer un ojo clínico sobre situaciones actuales como la división racial, económica y sexual que ejerce el privilegio. Esta historia vuelve a estar en mismo nivel de sublime que ofreció su anterior proyecto “Memoria” en el 2023.

La cinta arranca con un tráiler repleto de migrantes hacinados, un cúmulo de gritos sofocados y cuerpos sin espacio para respirar. Todos buscando cruzar la frontera para los Estados Unidos pero fueron abandonados a su suerte. Solo uno de ellos se escabulló. Más adelante ahondaremos en su historia. Por lo pronto nos enfocamos en Jennifer McCarthy (Jessica Chastain), una mujer norteamericana adinerada residente en San Francisco, California, que se dedica a administrar diversos y grandes proyectos artísticos, gracias a la abundante donación monetaria de su padre viudo, Michael (Marshall Bell); su hermano Jake (Rupert Friend), menos empatico, gestiona otras partes de los negocios familiares y reniega el apoyar a los proyectos que ayudan a los mexicanos.

Este dato es importante ya que uno de los proyectos de Jennifer es una escuela de danza en la Ciudad de México, donde conoció y tuvo una aventura apasionada con la estrella del ballet Fernando (Isaac Hernández), a quien, con bastante tacto, le dejó una buena cantidad de dinero antes de irse.

Fernando, el migrante que logró escapar en el prólogo, usó ese dinero para cruzar la frontera a Texas como indocumentado y luego viaja a San Francisco para ver a Jennifer, quien se siente abrumada por la excitación transgresora y erótica de un romance desventurado. Desde allí, la cinta expone la asimetría de una relación atravesada por la diferencia social. Ella, hija de un magnate filántropo que proclama empatía por los inmigrantes; él, indocumentado que busca afirmarse en un territorio que lo rechaza. La historia tiene ese tinte de elegancia clásica que pone a sus dos protagonistas en situaciones para lucir sus dotes ya sean artísticas o de negocios para después hacernos dudar si “el destino” les permitirá mantenerse unidos.

Tanto como Chastain, como Hernández, nos dan dos personajes intensos y jugosos. Un duelo de poder se respira en cada escena que comparten. Ambos tienen una personalidad magnética que Franco aprovecha para hacernos ver claramente su visión sobre un mundo en desigualdad de oportunidades entre los dos países. Franco explora la dinámica de la pareja de forma intrigante. Ella está obsesionada sexualmente con él. Él es muy seguro de si mismo, guapo y talentoso. Pero no nos dejemos engañar por las apariencias, ella no tiene la fragilidad emocional de una chica enamorada. En cambio, es despiadada y sumamente manipuladora. Cuando él intenta zafarse de su control y construir su propia vida, ella lo frena. Lo mima, le compra ropa y regalos, pero aun así le niega lo que más desea: ser tratado como su igual.

Una historia que podría parecer digna de un gran melodrama adquiere una carga muy diferente gracias al rigor característico de la dirección de Franco ahumada con una sencilla y clara dirección de fotografía por parte de Yves Cape, y un mínimo de adornos narrativos, que conducen la trama hacia una conclusión que es una de las más crudas de este director a la fecha.
Así que vean por favor “Dreams: sueños” y vivan el íntimo enfrentamiento entre estos dos personajes cuya relación tóxica parecería trascender su escala como una tragedia griega en sí misma entre dos personas que intentan proteger sus sueños más profundos, y adquiere una dimensión mayor cuando sus implicaciones más amplias se establecen para un público más amplio, para los dos países si gustan, y se convierte en algo imposible de ignorar.

