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“Animales peligrosos” te lleva a reflexionar sobre dónde te sientes más seguro: nadando con tiburones hambrientos en el mar o en las manos de un sociópata asesino en serie.

Con “Animales peligrosos”, el director Sean Byrne transforma la película en una historia de supervivencia humana en condiciones extremas, en lugar de una simple trama de tiburones. La película destaca gracias a su protagonista femenina, quien utiliza su ingenio al máximo, creando una entretenida persecución del gato al ratón. 

La cinta arranca en las doradas costas australianas con un prólogo donde unos jóvenes turistas Greg (Liam Greinke) y Heather (Ella Newton) contratan la “Experiencia de Tucker”, una atracción de jaula de tiburones dirigida por un excéntrico capitán de nombre Tucker (Jai Courtney). Todo parece ser un gran viaje marítimo en el paraíso. Después de que los dos participan en una inmersión en jaula para nadar con tiburones salvajes, Tucker se convierte en la peor pesadilla de Greg y Heather.

Entramos de lleno a la historia en la playa australiana conocida como “Gold Coast” en Queensland, Australia. Conocemos a nuestros protagonistas: Zephyr (Hassie Harrison), una surfista norteamericana muy rebelde que ayuda de mala gana a Moses (Josh Heyston), un guapo agente inmobiliario australiano, a arrancar su automóvil sin batería.

La atracción física fue inmediata ya que ambos aman el surf y terminan teniendo una romántica noche juntos. Aunque Moisés espera que su relación se convierta en algo romántico, Zephyr huye para no confrontar sus sentimientos y encontrar las mejores olas para surfear. 

En la playa, Zephyr se encuentra con Tucker, quien la termina secuestrando. Siendo Moses tan buena persona, se preocupa por la desaparición de Zephyr e inicia una búsqueda incansable para encontrarla. Más tarde, Zephyr despierta encadenada a una cama en una habitación del barco de Tucker donde también está encerrada Heather. Ahí ambas se dan cuenta de que Tucker es un asesino serial y ellas son sus próximas víctimas. De ahí en adelante, la cinta se convierte en una montaña rusa de emociones para tratar de escapar de este asesino. 

El guion de Nick Lepard es emocionante y humano, destacando que los tiburones no son los villanos, sino los humanos. La cinematografía de Shelley Farthing-Daw contrasta la belleza de Australia con la maldad, mostrando el sol brillante, el océano azul, la sangre y la serenidad de los tiburones, enriqueciendo la película junto a un moderno y vibrante soundtrack con canciones como “Dancing With Myself” de The Donnas, “Mean to Me” de Crowded House, y “Apocalypse” de Cigarettes After Sex.

La dirección de Byrne trata no solo de confeccionar unos atractivos momentos de tensión sangrienta y supurante, sino de dibujar unos personajes lo suficientemente perversos e interesantes para que primero nos inquieten y luego, llegado el caso, nos obsesionen incluso. Tanto Zephyr, la heroína, ajena a cualquier amago de condescendencia (lo contrario al lugar común de la damisela en apuros), como Tucker, el villano, un epicúreo admirador de la fuerza de la naturaleza, dándole un giro interesante a los estereotipos que se usan en este tipo de películas. 

Aunque “Animales peligrosos” presenta una trama divertida y emocionante, con momentos que sorprenden, la cereza del pastel la brinda la actuación de Harrison, cuya tragedia nos brinda un cuestionamiento profundo comparable al océano mismo sobre si los animales peligrosos son los tiburones o los seres humanos. 

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