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“Núremberg: El juicio del siglo” es la combinación perfecta de la profundidad histórica y el drama judicial, sustentado en las brillantes actuaciones de Russell Crowe y Rami Malek. 

Las cintas basadas en hechos reales y de relevancia histórica suelen ser muy solemnes y que se toman su tiempo para contar los acontecimientos, pero ese no es el caso de “Núremberg: El juicio del siglo”. El director James Vanderbilt adopta un estilo elegante, ágil e intrigante para mostrarnos, y recordarnos, uno de los momentos parte agua de la historia mundial: el poder llevar ante la justicia internacional a los Nazis por las atrocidades que cometieron. 

La cinta arranca cuando la Segunda Guerra Mundial finalmente ha terminado. Ahora, los Aliados deben lidiar con que queda del régimen nazi. El derecho internacional no es claro sobre cómo procesar ante la justicia a los monstruos que supervisaron el asesinato de seis millones de judíos. El juez de la Corte Suprema Robert H. Jackson (Michael Shannon) sabe que hay que hacer algo, e intenta algo impensable para la época juntar a todos los países que ganaron la guerra y hacer un juicio militar público a los Nazis. 

En lo que los líderes políticos mundiales ven si este juicio es posible, el gobierno estadounidense encarga al poco convencional psiquiatra militar Douglas Kelley (Rami Malek) la tarea de entrevistar a los líderes alemanes capturados vivos. La misión de Kelley es determinar si están psicológicamente aptos para ser juzgados, en caso de que se apruebe un juicio en su contra. Intentar descubrir qué los llevó a respaldar una guerra tan inhumana. Sin embargo, su misión principal es encontrar información crucial que pueda servir como acusación válida para poderlo declararlos como culpables de crímenes ante la humanidad. Acompañando a Kelley en esta misión como su traductor, Howie Triest (Leo Woodall) sin saberlo aportará un giro significativo en el curso de esta historia.

Mientras presta sus servicios para el juicio, Kelley busca recopilar la mayor información posible sobre los nazis para escribir un libro que le permita ser recordado en la historia mundial. Su primer encuentro es con Hermann Göring (Russell Crowe), el nazi de mayor rango que queda con vida y el segundo al mando del régimen debajo de Hitler. Sus sesiones se convierten en un duelo intelectual. Kelley intenta conectar con el impetuoso líder, mientras que Hermann aprovecha cualquier muestra de bondad para intentar escapar de la horca, si es que llega a haber juicio militar. Y sí, el juicio se llevó a cabo en el Palacio de Justicia de la emblemática ciudad de Núremberg, donde los nazis realizaron eventos masivos, despojando sistemáticamente a los judíos de su humanidad. 

La película, basada en el libro “El nazi y el psiquiatra” de Jack El-Hai, con guion del propio Vanderbilt, narra los eventos históricos, pero se centra principalmente en el intercambio maquiavélico entre Kelley y Göring. Con un casting acertadísimo, Malek y Crowe ofrecen interpretaciones magníficas mientras buscamos incansablemente los motivos detrás de la barbarie nazi. Woodall, por unos momentos, también logra robarnos el corazón con su interpretación cuando el juicio está por llegar a su fin. 

De las secuencias de la película que creo cruciales es el montaje de imágenes de archivo en blanco y negro del juicio. Estas imágenes impactantes, que revelan los espantosos horrores de los campos de concentración nazis, dejan poco lugar para la duda sobre la maldad de la ideología nazi.  Producidas y parcialmente filmadas por el renombrado director John Ford, y extraídas de “Campos de concentración y prisiones nazis”, la película de George Stevens, estos seis minutos de la evidencia presentada en el juicio son absolutamente convincentes.

El momento histórico retratado en “Núremberg: El juicio del siglo” sigue siendo profundamente significativo, sirviendo como un poderoso recordatorio del mal que ha plagado y continúa plagando nuestro mundo. Como dice el dicho: “Quien no conoce el pasado está condenado a repetirlo”. 

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