“En el camino” es una reflexión sobre la soledad, la identidad y la búsqueda de afecto en espacios donde la vulnerabilidad suele ocultarse detrás de la dureza. Un gran ¡Bravo! al cine nacional. 

Por fin ya podemos ver en todo su esplendor en pantallas mexicanas, la cinta “En el camino” de David Pablos después de que tuvo su estreno mundial en el “82 Festival Internacional de Cine de Venecia”, donde obtuvo el Premio Orizzonti a Mejor Película y el Queer Lion Award. Con ella, Pablos nos entrega una de las propuestas más emotivas y maduras del cine mexicano reciente, al mostrar que incluso en los lugares más inhóspitos puede surgir la posibilidad de amar y ser correspondido. 

La historia sigue a Veneno (Víctor Miguel Prieto), un joven que parece estar huyendo de un pasado lleno de sombras.  Mientras intenta sobrevivir, se dedica a pedir aventones a los transportistas en los márgenes de las carreteras del norte de México.  En su viaje, se encuentra con El Eulas (Mariano López Sosa), el primer “compa” que lo ayuda a cambio de favores sexuales. Sin embargo, una vez que El Eulas se satisface, lo abandona en un restaurante de un paradero de trailers. El joven Veneno no sabe qué más hacer que esperar sentado en una esquina a que llegue otro conductor. 

A pesar de que está acostumbrado a encuentros fugaces y a una existencia marcada por la incertidumbre, conoce al Muñeco (Osvaldo Sánchez), un trailero veterano que es muy conocido por la ruta del norte. Como casi la mayoría de los traileros, el Muñeco utiliza todos los secretos para no parar de conducir, como pastillas, cafeína y drogas para estar alerta. Al ver que Veneno parece un chavo inofensivo, acepta llevarlo con él en su ruta. Mientras van manejando, le pregunta a Veneno si es gay. Sin reparo, le contesta que sí, pero que respeta que el Muñeco sea heterosexual, casado y con hijos. 

Poco a poco, a través de flashbacks, vamos descubriendo el porqué Veneno está huyendo de una vida donde esas sombras lo están persiguiendo para matarlo. Cuando el Muñeco sabe parte de ese pasado, voluntariamente acepta que sean socios en negocios turbios mientras recorren las oscuras y vacías carreteras, observando todo tipo de locuras y peligros que se ven en el camino. Lo que comienza como un simple viaje se transforma gradualmente en una relación afectiva que desafía los códigos de masculinidad del mundo en el que ambos viven. Sin embargo, el pasado de Veneno reaparece una y otra vez para amenazar la frágil estabilidad que han construido juntos, atrapados entre la soledad, el alcoholismo y las adicciones. 

Uno de los mayores aciertos de la película es su extraordinaria dirección de fotografía por parte de Ximena Amann.  Junto con Pablos, Amann logra capturar una belleza casi poética en paisajes que dejan de ser áridos o desolados. Las carreteras infinitas, los talleres mecánicos abandonados, los moteles de paso y los desiertos fronterizos adquieren una dimensión emocional que refleja el estado interior de los protagonistas.  

Las actuaciones impecables de Prieto y Sánchez son el corazón de la película. Nos guían por una montaña rusa de emociones entre dos hombres completamente distintos que alcanzan un nivel de intimidad que no había presenciado desde la cinta original “El beso de la mujer araña”. (Nota al margen, en su reciente remake, Diego Luna es uno de los protagonistas, y ahora es el productor de esta película.) 

Durante décadas, las tramas amorosas han demostrado la necesidad universal de conexión. Sin embargo, el cine mexicano reciente rara vez ha explorado el romance masculino en un entorno tan profundamente arraigado en los ideales tradicionales de masculinidad. En un momento particularmente conmovedor, los dos hombres se esconden en un almacén abandonado y bailan lentamente al son de la balada colombiana “Los Caminos de la Vida”, creando una de las secuencias más emotivas de la película. 

Más que un bromance o road movie cualquiera, “En el camino” es una cinta de enorme elegancia visual y una profunda reflexión sobre la soledad, la identidad y la búsqueda de afecto en espacios donde la vulnerabilidad suele ocultarse detrás de la dureza. Sin duda, su gran mérito consiste en encontrar belleza donde otros sólo verían polvo, asfalto y abandono.

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