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Tres décadas después de que Pixar revolucionara la animación con Toy Story en 1995, “Toy Story 5” parecía enfrentar una pregunta incómoda: ¿era realmente necesaria otra aventura de Woody, Buzz y la pandilla? La franquicia ya había tenido una despedida casi perfecta con “Toy Story 3” y una conclusión íntima y emotiva con “Toy Story 4”. Sorprendentemente, esta nueva entrega encuentra una razón válida para existir al explorar uno de los conflictos más actuales de nuestra época: la relación entre la infancia y la tecnología.

Y así iniciamos la quinta entrega, tras los acontecimientos de “Toy Story 4”, Buzz (voz en inglés Tim Allen y en español José Luis Orozco), Jessie (voz en inglés de Joan Cusack y en español de Irán Castillo) y el resto de la pandilla siguen viviendo en el cuarto de Bonnie (voz en inglés de Scarlett Spears y en español de María Regina), mientras que Woody (voz en inglés de Tom Hanks y Arturo Mercado Jr.) y Bo Peep (voz en inglés de Annie Potts y en español de Diana Santos) viajan como juguetes justicieros, ayudando a quienes lo necesitan. Bonnie lucha contra la timidez, y los juguetes hacen todo lo posible por ayudarla a conectar con los niños del vecindario. Cuando sus padres notan su dificultad para hacer amigos, le compran el juguete más novedoso para niños de ocho años: una tableta llamada Lillypad (voz en inglés de Greta Lee y en español de Belinda). La llegada de esta nueva y brillante distracción crea una dinámica completamente nueva en la casa, dejando a los queridos juguetes de Bonnie acumulando polvo en el garaje mientras compiten por su atención.

Siempre con la mejor de las intenciones, Jessie se esconde en la maleta que Bonnie arma para pasar la noche en casa de unas amigas nuevas, con la esperanza de alejarla de Lillypad y fomentar las relaciones con el mundo real. Desafortunadamente, el reto resulta mucho más difícil de lo esperado. Bonnie se vuelve cada vez más apegada a su pantalla, y Lillypad no hace más que reforzar este hábito, mientras otros niños se burlan de ella por seguir jugando con juguetes. Después de que Jessie accidentalmente se separa de Bonnie, se embarca en una inesperada aventura en busca de alguien que pueda ayudar a Bonnie a encontrar la confianza para conectar con los demás niños.

Y es justo aquí que la trama toma un tono más serio y conmovedor. Esta es, sin duda, la aventura de Jessie, quien, junto con Bullseye, regresa a la casa de su antiguo dueño, donde se encuentran con un trío de juguetes electrónicos. Simultáneamente, un ejército de juguetes de Buzz Lightyear renovados a alta tecnología perdidos busca a su comando espacial, mientras Woody lidia con su nuevo propósito y las realidades de la vejez, incluyendo una notable calvicie. A través de estas historias entrelazadas, los coguionistas y codirectores McKenna Harris y Andrew Stanton combinan magistralmente la vida emocional de los juguetes con las realidades que enfrentan los niños hoy en día, al tiempo que brindan algunas de las escenas más divertidas que Pixar haya producido jamás.

En su visita a México para promocionar la cinta Stanton nos dejó claro que construyeron un relato que dialoga directamente con las nuevas generaciones sin perder de vista a aquellos espectadores que crecieron junto a estos personajes. Mientras que su productora ejecutiva Lindsey Collins comentó que Pixar entiende que el mundo ha cambiado radicalmente desde 1995 y que los juguetes tradicionales ya no ocupan el mismo lugar dentro del imaginario infantil. Tablets, asistentes virtuales, inteligencia artificial y dispositivos inteligentes forman ahora parte del ecosistema cotidiano de los niños.

Estos puntos de vista hacen que el guion plantee una reflexión sorprendentemente madura sobre el valor de la imaginación, la conexión emocional y el juego físico frente a la inmediatez digital. El guion equilibra humor, emoción y espectáculo con una fluidez que recuerda los mejores momentos de la saga. Woody y Buzz siguen funcionando como el corazón emocional de la franquicia, pero el relato también concede espacio a nuevos personajes como ahora Jessie para que aporten frescura y expandir el universo de los juguetes sin sentirse forzado.

Visualmente, la producción representa otro salto significativo para el estudio. La evolución tecnológica es evidente en cada encuadre. Los materiales, texturas y efectos de iluminación alcanzan niveles de realismo impresionantes sin sacrificar el carácter caricaturesco que define la identidad visual de la saga. Incluso las secuencias de los cuentos de Bonnie en estilo de gis expresionista exhiben una precisión técnica que demuestra por qué Pixar continúa siendo uno de los referentes absolutos de la animación mundial.

Lo que distingue a esta franquicia de otras es que la historia habla sin tapujos sobre la adaptación al cambio, el miedo a la obsolescencia y la necesidad de encontrar un propósito cuando el mundo evoluciona más rápido de lo que podemos comprender. Son inquietudes que resuenan tanto en los juguetes protagonistas como en los adultos que los observan en el trasfondo. Pixar vuelve a demostrar que aún existen historias valiosas por contar dentro de este universo y que los personajes conservan la capacidad de evolucionar junto a sus espectadores.
En definitiva con esta quinta entrega, “Toy Story” nos ofrece una experiencia conmovedora, inteligente y visualmente extraordinaria que justifica plenamente su existencia. Llenándonos de risas y una que otra lágrima, treinta años después, los juguetes de Andy y Bonnie todavía tienen algo importante que enseñarnos.
