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“La negociación” es un thriller de suspenso absorbente, inteligente y profundamente humano. Bill Skarsgård en su actuación más intensa, compleja y fascinante de toda su carrera.

Aunque parte de hechos reales, “La negociación” aspira a explorar una cuestión mucho más compleja: ese instante preciso en que la frustración de un individuo trasciende lo personal y se convierte en…

Por Andrés Naime 30 de julio de 20264 min de lectura
“La negociación” es un thriller de suspenso absorbente, inteligente y profundamente humano. Bill Skarsgård en su actuación más intensa, compleja y fascinante de toda su carrera.

Aunque parte de hechos reales, “La negociación” aspira a explorar una cuestión mucho más compleja: ese instante preciso en que la frustración de un individuo trasciende lo personal y se convierte en un fenómeno de alcance nacional. En su esperado regreso al cine de ficción, Gus Van Sant encuentra en esta extraordinaria historia ocurrida en Indianápolis en 1977 el vehículo ideal para profundizar en los temas que han atravesado su filmografía: personajes con moral ambigua, gobiernos incapaces de escuchar a sus ciudadanos y personas llevados al límite por un sistema que parece concebido para quebrarlos y verlos fracasar.

La cinta sigue a Tony Kiritsis (Bill Skarsgård), un emprendedor inmobiliario, quien siente haber sido víctima de un fraude financiero que le arruinó la vida por parte de una empresa que le brindó una hipoteca. Después de que las vías legales no le dan resultados, decide tomar cartas en el asunto, y aunque no era su plan inicial, secuestra en las oficinas de la empresa hipotecaria Meridian a Richard Hall (Dacre Montgomery), hijo del dueño M.L. Hall (Al Pacino). 

Tony ata a Richard a un mecanismo conectado al gatillo de una escopeta, un “cable de hombre muerto” que da título original en ingles a la película, asegurando que cualquier intento de rescate policial resultaría en la muerte instantánea del rehén. Su única demanda es recuperar lo que le pertenece y una disculpa pública en televisión por parte del Sr. M.L. Hall. 

Con el paso de las horas, el secuestro deja de ser un incidente policial para convertirse en un fenómeno mediático seguido por millones de personas. En torno a esta situación aparecen figuras decisivas como la voz de Indianápolis, el locutor Fred Temple (Colman Domingo), cuya intervención como la voz de los ciudadanos ayuda a moldear la percepción pública del caso; Linda Page (Myha’la), es una periodista que quiere ser tomada en serio por su televisores y que por casualidad se convierte en la primera en hacer la cobertura periodística altera el desarrollo de los acontecimientos. 

Mientras Tony aprovecha cada entrevista telefónica para denunciar la corrupción que, según él, le arruinó la vida, periodistas, negociadores, autoridades y espectadores se debaten si están ante un criminal o un hombre desesperado que encontró en la violencia su única forma de ser escuchado.  Al igual que los ciudadanos de Indianápolis, nosotros, nos cuestionamos si Tony es un loco o un antihéroe. 

En lugar de crear un thriller típico, Van Sant convierte una crisis de rehenes en una exploración profundamente humana de la desesperación, el capitalismo y la forma en que los medios convierten la tragedia en espectáculo. El guion de Austin Kolodney se abstiene sabiamente de dictar juicios definitivos sobre sus personajes, lo que resulta en una ambigüedad moral que es uno de los mayores logros de la película y recuerda al mejor cine político estadounidense de los setenta. 

Bill Skarsgård ofrece, sin duda, la interpretación más compleja y madura de su carrera. Construye un personaje tan impredecible como lúcido, capaz de alternar momentos de humor involuntario con explosiones de furia y discursos sorprendentemente articulados sobre la desigualdad económica. Van Sant entiende que el verdadero peligro del personaje no solo reside en el arma que lleva, sino en la inquietante posibilidad de que parte de su discurso resuene profundamente con la audiencia.

La actuación de Montgomery como rehén obligado a convivir durante horas con el hombre que amenaza su vida es digna de mención. Comprende a fondo el dolor de Tony y es consciente de la naturaleza fría y calculadora de su padre. Además, Myha’la ofrece una interpretación notable al representar una mirada crítica sobre la responsabilidad de los medios en la construcción de los hechos. 

La dirección de fotografía de Arnaud Potier captura la textura de la época con una sobriedad admirable, evitando la nostalgia y optando por una sensación constante de encierro. Por otro lado, la partitura de Danny Elfman, sorprendentemente contenida, acentúa el suspenso con discreción en lugar de recurrir al exceso emocional.
A final de cuentas*,* “La negociación*”* es un thriller absorbente, inteligente y emocionalmente devastador que demuestra que Gus Van Sant sigue siendo uno de los grandes directores modernos. Más que reconstruir un célebre caso criminal, utiliza esa crisis para reflexionar sobre la desigualdad, el poder corporativo, la manipulación mediática y la delgada frontera que separa la desesperación de la revolución. Está cinta es una de las propuestas más estimulantes y relevantes del año.