“La vida de Chuck” es de esas películas tan reflexivas, hermosas y profundas sobre la conexión humana que querrás volver a ver una y otra vez.
La nueva cinta del director Mike Flanagan basada en la historia corta homónima escrita por Stephen King es una belleza. Es como una sinfonía que contiene todos los matices para conmover a su público de principio a fin. No es una historia de terror sino una oda a la vida y la importancia como humanos debemos tenerle a nuestro tiempo en este planeta. Flanagan nos regala una interpretación sorprendentemente delicada y sincera de la conexión humana y la importancia de apreciar el tiempo limitado de existencia, acompañado de imágenes impresionantes e interpretaciones impecables.

La trama está narrada al revés en tres actos comenzando en un final apocalíptico de nuestro planeta con Marty Anderson (Chiwetel Ejiofor), un profesor de un pequeño pueblo, incapaz de afrontar el colapso del mundo a su alrededor. Trozos de la costa oeste de Estados Unidos se han hundido al fondo del mar. Aparecen socavones en la corteza terrestre. Lo peor de todo para los humanos es que el internet está dejando de funcionar.

Mientras tanto, Marty y su exesposa Felicia (Karen Gillan), una valiente enfermera de la sala de urgencias, evalúan sus sentimientos ante el fin del mundo tiempo que intentan entender la aparición de unas misteriosas vallas publicitarias con un hombre con las palabras: Charles Krantz: ¡39 años geniales! ¡Gracias, Chuck!.

El capítulo intermedio tiene un tono impactante pero de una manera diferente al poner a Chuck (Tom Hiddleston) como protagonista. Este contador de traje y corbata reaviva su espíritu de bailarín tras ser cautivado por el ritmo de una baterista callejera (Taylor Gordon, la baterista viral conocida como The Pocket Queen). Vemos a Chuck realizar unos pasos de baile realmente impresionantes proporcionando una dosis gigante de alegría que llenan la pantalla durante 7 minutos continuos.

La última parte vuelve a tratar sobre Chuck pero cuando era niño y adolescente (Benjamin Pajak y Jacob Tremblay respectivamente) en su lucha con su amor por la danza y las expectativas de su abuelo (Mark Hamill) de que se dedique a las finanzas. Todo este capítulo teniendo de fondo el misterio del la cúpula de su casa supuestamente embrujada.

Los directores de cine aman adaptar las maravillosas historias que Stephen King sueña. Frank Darabont nos regaló tres adaptaciones maravillosas: “Sueños de fuga” (1994), “La milla verde” (1999) y “La niebla” (2007). Rob Reiner dirigió: “Cuenta conmigo” (1986) y “Misery” (1990). Y recientemente Flanagan, dirigió la sorprendentemente buena adaptación de la novela imposible “El juego de Gerald” (2017) y la fabulosa “Doctor Sueño” (2019). ¿Será que la belleza estética y poética de “La vida de Chuck” haga de Flanagan también ganador de los premios de la crítica?

Yo no lo dudaría ni un minuto; esta cinta es extraordinaria y reflexiva y no solo técnicamente sino por todos los actores de la cinta. Sin embargo, a mi gusto el premio a la mejor interpretación es para Benjamin Pajak como Chuck de 11 años, en una interpretación sutil y conmovedora, que demuestra una madurez emocional que va mucho más allá de su edad.
Les pido vayan con la mente y corazón abiertos a ver cómo se desenvuelve “La vida de Chuck” con todo y su peculiar estructura no lineal. Flanagan nos da una adaptación profunda, repleta de monólogos jugosos y extremadamente humana. Una reflexión emotiva y agridulce sobre la vida y la muerte que exige atención máxima del público pero les aseguro recibirán muchísimo a cambio.
