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“El Conjuro 4: Últimos ritos” nos trae un último caso bastante lúgubre y con una atmósfera de suspenso muy fuerte, pero más que nada, un cierre emotivo para la Familia Warren quienes definieron el terror moderno. 

Más que una trama de terror absoluto, “El Conjuro 4: Últimos ritos” nos ofrece un emotivo y sentimental cierre para las aventuras de los investigadores de lo paranormal Lorraine (Vera Farmiga) y Ed Warren (Patrick Wilson) al enfrentarse a un demonio que los ha perseguido desde su primer caso. 

La cinta arranca con un flashback donde vemos ese primer caso de los Warren, narrado por la voz de Ed a través de una grabadora, mientras entrevista a una aterrorizada víctima de un fantasma en su tienda de antigüedades. El caso involucra a un espejo de una tienda de antigüedades que los ha atormentado toda la vida ya que justo esa noche Lorraine dio a luz a su hija Judy. La saga “El Conjuro” siempre ha tratado sobre familias atormentadas por espíritus y demonios, pero en esta ocasión, los mismísimos Warren serán los atacados directamente.

De ahí saltamos a la época donde se librará la batalla final de los Warren. La trama está ambientada en 1986, justo en pleno apogeo de la primera cinta de “Los Cazafantasmas” y mostrando un mundo que aparentemente ha dejado atrás los servicios paranormales de los Warren por no creer en lo oculto. Uno de sus  estudiantes universitarios incluso les pregunta en broma si alguna vez los han “ensuciado con slime” aludiendo a esa cinta. Desde la cinta pasada la salud de Ed se ha visto deteriorada y, aun cuando las visiones aún atormentan a Lorraine, la pareja se ha retirado del trabajo por ese motivo. Pero justo cuando la paz empieza a asentarse, su primer caso regresa para atormentarlos, convirtiéndose en el más oscuro hasta la fecha y el cual también marcará el final de su carrera. 

Ese primer caso se conecta directamente con el último caso que investigarán. Conocemos el impacto que tuvo ese primer caso porque provocó que Lorraine entrara en labor de parto prematuramente, dando a luz a Judy muerta. En pleno hospital, una presencia oscura se cierne sobre ellos, observándolos todo, hasta que Judy finalmente deja escapar un grito. Todo esto resulta ser un inicio increíblemente emotivo. Ese prólogo pone el tema en la mesa sobre el poder de la fe y la espiritualidad, los cuales se pondrán a prueba significativamente más adelante en la trama.

La dirección de Michael Chaves y el trío de guionistas, Ian Goldberg, Richard Naing y David Leslie Johnson-McGoldrick, se adentran con fuerza en este tema de finales y comienzos. Ya adulta, Judy (Mia Tomlinson) empieza a exhibir el don de su madre con más fuerza que nunca. Quizás por miedo o culpa, Lorraine la insta a ignorarlo, haciéndose eco de una decisión que pondrá a prueba más adelante. El novio de Judy, Tony (Ben Hardy), la apoya en su camino de una forma que contrasta con la actitud protectora de Ed y Lorraine. La trama nos muestra el miedo más profundo de los Warren: no a fantasmas ni demonios, sino a la incertidumbre de dejar a su hija crecer y hacer su vida lejos de su protección. Conectar su primer caso con el último es una obra de gran narrativa circular, una de las herramientas más poderosas de la película otorgándole una merecida sensación de “cierre”.

Ese trasfondo emocional le da a esta cinta sus momentos más fuertes. Las actuaciones de Wilson y Farmiga siempre serán el arma secreta de la franquicia, y aquí ofrecen sus mejores interpretaciones hasta la fecha. Su química es natural, su amor palpable, y el peso de todo lo que han vivido se refleja en todo lo que hacen. La película está imbuida del amor entre marido y mujer, entre padres e hijos, y entre un legado y quienes deben continuarlo.

Por supuesto, sigue siendo una película de terror y no escatima en sustos y sobresaltos. La historia de los Smurl, basada en hechos reales en Pensilvania, empieza con fuerza. Desde el principio, todo se mueve y grita en la noche. Las velas se apagan solas, los juguetes cobran vida y figuras siniestras acechan en los rincones. Los diseños demoníacos se encuentran entre los mejores desde Valak y el Crooked Man de la segunda entrega, y la banda sonora de Benjamin Wallfisch subraya el terror con precisión, a la vez que muestra calidez cuando es necesario.

Cuando “El conjuro 4: Últimos ritos” llega a su desenlace con una confrontación final decisiva, impregnada de fe, miedo y amor incondicional, se siente apropiado despedirnos, no solo de Ed y Lorraine, sino de una era de terror moderno definida por su inquebrantable creencia en el poder de la luz sobre la oscuridad. Una saga que nunca olvidó su tema central: la familia es lo más importante.

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