“Cacería de brujas” es un thriller psicológico moderno, sofisticado e intrigante que profundiza en las dinámicas de poder y la obsesión con Julia Roberts dando una actuación poderosa y llena de matices.
El director italiano Luca Guadagnino nos entrega una de las películas más elegantes y tensas del año “Cacería de brujas”, un thriller dramático ambientado en los campus universitarios de Yale que combina sutileza, ambigüedad y una belleza visual hipnótica.

La cinta se centra en la vida de Alma Imhoff (Julia Roberts), una profesora de filosofía en la prestigiosa universidad de Yale. La trama inicia con Alma y su esposo, Frederik Imhoff (Michael Stuhlbarg), un psicoanalista, organizando una cena para los residentes de Yale en su apartamento de New Haven. Alma está sentada en el centro de la sala de estar, rodeada de una multitud que la adora, incluyendo a Frederik, sus colegas de Yale, la Dra. Kim Sayers (Chloë Sevigny) y su colega, pícaro calculador y encantador, el profesor Hank Gibson (Andrew Garfield), y la estudiante enigmática y observadora de posgrado Maggie (Ayo Edebiri).

Todos quieren impresionar a Alma, especialmente Maggie. Se viste como Alma, se pinta las uñas de negro como Alma y, para disgusto de su pareja, la estudiante de leyes Alex (Lío Mehiel), se preocupa de si Alma está enamorada de ella. Hank también está enamorado de Alma, y su amistad está impregnada de una química tan potente que incluso Frederik lo nota.

Alma y Hank son profesores adjuntos que compiten por un puesto titular en Yale, pero es posible que solo uno de ellos sea elegido. En esa cena Alma descubre indiscretamente un secreto muy profundo de su ídolo. Pero no sabemos qué pasará con eso más adelante. Dos días después Maggie se presenta en el apartamento de Alma acusando a Hank de agresión sexual, Alma responde con frialdad. Y de ahí se desata toda la vorágine de cuestionamientos morales de sororidad y valores morales con respecto a la respuesta de Alma a la confesión de Maggie.

Guadagnino adopta una ambigüedad narrativa para está contar esta historia. Los cuestionamientos planteados a todo lo largo quedan abiertos, los personajes no muestran todas sus cartas, las charlas nunca llegan a una conclusión transparente. El guion de Nora Garrett merece un reconocimiento por atreverse a explorar territorios poco transitados en el cine comercial actual. La cinta cuestiona “las zonas grises” del poder, de cómo se construyen las jerarquías en ámbitos académicos, de cómo ciertas culturas de privilegio pueden ocultar fisuras.

Los temas que expone Garrett coloca la acción en un entorno muy jerarquizado, lo cual permite que los charlas elevadas de poder, carrera, mentoría, sospecha y lealtad se alternen con tensión. Todos los personajes están llenos de aristas. No se trata de demonizar a unos o santificar a otros: hay ambigüedad. La brecha entre generaciones, el cuestionamiento de la autoridad, los movimientos sociales, como #MeToo, son hablados sin simplismos. El guion los plantea, los pone a dialogar, los tensiona hasta el límite.

El director de fotografía Sayombhu Mukdeeprom, colaborador habitual de Guadagnino, vuelve a desplegar su maestría visual. En este caso no busca la estética complaciente, sino que encierra a los personajes en encuadres calculados: despachos claustrofóbicos, pasillos universitarios que se sienten como laberintos morales, o interiores iluminados con una luz ámbar que sugiere tanto intelectualidad como decadencia. La textura de la imagen es suave, casi táctil, y juega con la luz natural filtrada para reflejar el desgaste emocional de los protagonistas. En contraste con la calidez solar de “Llámame por tu nombre”, aquí Guadagnino opta por una paleta más fría, más otoñal, como si la moralidad misma del relato estuviera en proceso de marchitarse.
Concretando, “Cacería de brujas” no es simplemente un thriller ubicado en una universidad: es totalmente el mejor ejemplo de cine de autor con un tema con una densidad moral poco común en Hollywood; y como cereza del pastel se encuentra la interpretación sutil y poderosa de Julia Roberts, que nos recuerda el porqué tiene ese lugar de estrella de Hollywood.
