La moraleja de “Familia a la deriva” ilustra perfectamente que, aunque un padre haga las cosas “a medias”, su amor sincero siempre lleva a buen puerto sus buenas intenciones.
Bajo la dirección de Alfonso Pineda Ulloa y con guion de Marcos Osorio Vidal y Jorge Edelstein, la película familiar “Familia a la Deriva” explora de manera divertida e ingeniosa el tema del cariño ausente de un padre hacia sus hijos. La película sugiere que a veces, perderse es la única forma de encontrar el camino de regreso a la familia.

En la caótica Ciudad de México, la historia gira en torno a Gonzalo (Mauricio Ochmann), un padre divorciado dos veces y carismático dueño de “Suárez Seminuevos”, una agencia de autos usados en la ciudad. Gonzalo está tan metido en su trabajo que, aunque es un buen proveedor, se la pasa olvidando todos los eventos importantes de sus hijos, siendo el mas reciente el cumpleaños de su hijo Bruno (Matías López). Un accidente doméstico lo manda al hospital, donde, para su sorpresa, ninguno de sus dos grupos familiares le muestra mucha preocupación. Y aunque el accidente fue leve, lo lleva a una epifanía sobre el tiempo que ha perdido con su familia fragmentada.

Decide que necesita un viaje al Caribe con sus cuatro hijos para reconectar con ellos y, según él, recuperar el tiempo perdido. Y vaya que tiene mucho que recuperar. Para ello, planea con la ayuda de Claudio (Memo Villegas), su mejor amigo y el mecánico de su agencia, un viaje en yate en el que planea vivir recuerdos inolvidables junto a sus hijos.

Sus hijos, fruto de sus relaciones con sus dos exes, Caro (Irán Castillo) y Eugenia (Ana González Bello), son encantadores, pero saben bien que su padre no es de mucha confianza. La más grande, Maya (Farah Justiniani), es totalmente rebelde por todos los resentimientos que le tiene a Gonzalo; Bruno, es el hijo introvertido pero siempre lleno de optimismo; y las dos pequeñas: Sofía y Azul (Valentina Sánchez y Carolina Benrey), las que aún no entienden los problemas de los adultos. Estando ya en el barco, les cae una tormenta brutal que los hace sufrir un naufragio, dejándolos literalmente a la deriva en una isla desierta. Gonzalo descubre que quizá no están tan perdidos, pero para pasar más tiempo de calidad con sus hijos, les hace creer que están en un problema grave, pero que uniéndose saldrán adelante.

El origen mismo del proyecto está profundamente arraigado en experiencias personales, según compartió su director. “Nos reunimos y preguntamos: ‘¿Cuáles son tus traumas?’ La ausencia del padre surgió como un tema recurrente. Entonces decidimos explorar el vínculo entre padres e hijos”, añadiendo un tono de humor. De ahí nació la cinta, construyendo su humor sobre una herida compartida, una que trasciende generaciones y clases sociales: hombres que aprendieron a trabajar, a proveer y a resolver problemas, pero que a menudo luchan por estar emocionalmente presentes.

Hay que resaltar que las actuaciones de todo el elenco son impecables. Ochmann tiene un timing cómico excelente. Villegas ni que decir. Castillo y González Bello son gloriosas como las madres rescatadoras. Y Justiniani como siempre hace un trabajo impecable lleno de verdad y emotividad. La cinta se filmó principalmente en el estado de Campeche y en la Ciudad de México. Destacan los paisajes naturales de Isla Aguada y Ciudad del Carmen, que sirvieron como escenario principal para las secuencias de la isla donde esta familia queda varada. La dirección de fotografía de María Sarasvati es siempre radiante y colorida, al igual que el trabajo de Roberto Zamarripa en el diseño de producción e Ifigenia Martínez como Diseñadora de Vestuario.
En fin, si están con ganas de disfrutarse de una película que te haga reír con personajes y situaciones muy chuscas, te conmueva el corazón y te recuerde la importancia de la familia, “Familia a la Deriva” es la aventura que buscan.
