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Lo más excitante del cine

CríticasNotas

“Hamnet” tiene muchísimas cosas buenas, pero lo que más destaca es cómo retrata tan humanamente el amor profundo de los padres por sus hijos, dejando a todos los que la ven mudos y sollozando en las salas de cine. 

El estreno de “Hamnet” es de los más esperados, y con justa razón. Su fuerza y emotividad te toman por sorpresa y te llegan al alma de una manera inesperada. A pesar de su tema complicado y rebuscado, la película logra abrirse paso al corazón y abrir las llaves de los lagrimales como ninguna otra lo ha hecho en años, conmoviendo a todos y cada uno de sus asistentes.  

La historia de ficción de cómo William Shakespeare y su esposa superaron la pérdida de su hijo ha abrumado de emoción al público de todos los festivales internacionales, dejando a espectadores y críticos por igual en charcos de sollozos.

Desde el inicio de la cinta se nos dice que el personaje de Agnes (Jessie Buckley), es hija de una bruja del bosque, y su conexión con la tierra, los árboles y el cielo se siente tangible y poderosa. La vemos por primera vez en una toma cenital, acurrucada con un vestido rojo debajo de un árbol gigante, y es como si el bosque ondulara y gimiera a su alrededor.

Cuando conoce a un lindo chico que conocemos solo como Will (Paul Mescal), que eventualmente resultará ser el famoso escritor, su conexión se siente igual de viva y libre. Se divierten y coquetean alegremente, y las cualidades que la convierten en un bicho raro para todos los demás la hacen maravillosa para él. En poco tiempo, se casan, luego tienen una hija llamada Susanna (Bodhi Rae Breathnach) y luego gemelos: un niño y una niña, Hamnet (Jacobi Jupe) y Judith (Olivia Lynes).

Pero, una vez más, verlos como padres jóvenes, jugando con sus hijos, enseñándoles sobre la tierra, discutiendo por las preocupaciones habituales de las parejas, es más cautivador que lo que todos sabemos se aproxima. 

La impecable dirección de Chloé Zhao nos sumerge en sus actividades cotidianas, y actores secundarios como Emily Watson como la madre de Will y Joe Alwyn como el hermano de Agnes aportan más contexto. Zhao junto con la guionista y autora de la novela homónima, Maggie O’Farrell, sugieren un vínculo sobrenatural entre los gemelos, delicado y fascinante.

La impactante muerte de uno de los gemelos a los 11 años rompe esta felicidad. No hay nada sutil en las interpretaciones de Buckley y Mescal al retratar este dolor insondable: es intenso, estridente y agudo, y Zhao se aferra a su dolor de una manera que resulta incómodamente voyerista. La pérdida de un hijo es devastadora. Es imposible saber cómo es eso a menos que lo hayas vivido en carne propia. Todo el elenco representa esta “tragedia” shakespeariana con un histrionismo tan orgánico y humano que no hay manera no sientas nada, al contrario, te sientes mas vivo que nunca. 

Esta es una película atemporal, que trascenderá generaciones, con su historia conmovedora sobre el dolor, la vida, la muerte y la resiliencia frente a la tragedia. Dónde Buckley sin lugar a dudas brillantemente retrata una maternidad sometida a pruebas severas, contrastando con una paternidad inatenta, o quizás más bien ensimismada, que le valdrá poner su nombre en la historia del cine contemporáneo. Existen claramente elementos fuera de la realidad que podrían ser la proyección interna de los fuertes sentimientos de los protagonistas pero también podríamos creer que existen y que hay un más allá de lo que podemos ver a simple vista. 

La actitud del padre frente al conflicto quizá no se consideraría egoísta en la década pasada, pero sí hoy en día. Una madre inquebrantable, líder de una familia dura y curtida, una familia británica de campesina. La pérdida, repito, la destroza, dejándola sin encontrar ni sus propios sentimientos. El padre, ocupado, despistado y descartado, cree que la vida sigue al ritmo de sus prioridades. Piensa que el mundo no se detiene por nada, lo cual es cierto, pero a veces recordar esta verdad puede carecer de tacto y sensibilidad, lo que podría arruinar un amor. 

“Hamnet”, sin importar su historia, es una película que hay que ver en el cine si o si porque nos refleja y muestra nuestros propios duelos. La sacudida o catarsis emocional que provoca podría crear un punto de encuentro único entre las distintas perspectivas de la lucha de sexos y los roles que se esperan de cada uno.

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