“La historia del sonido” es una profundamente conmovedora, elegante y bella historia de amor verdadero con un par de actuaciones cautivantes.
Ya en cines pueden ir a deleitarse con la bella cinta “La historia del sonido” dirigida por Oliver Hermanus con una historia de amor que ya no vemos casi abarcando la mayor parte del siglo XX, comenzando en 1910 y terminando en 1980. La película se estrenó mundialmente en la competencia principal del Festival Internacional de Cine de Cannes del año pasado, donde fue nominada a la Palma de Oro. Con solo eso se pueden ir dando cuenta que es una cinta espectacular.

La película está narrada por Lionel (Paul Mescal), un joven granjero pobre de Kentucky. Nos cuenta que toda su vida ha tenido el don de visualizar e incluso saborear notas musicales, y que se activó al escuchar cantar canciones folclóricas tradicionales a padre. El destino se encargó de arropar ese talento y gracias a una vecina gana una beca para estudiar y refinar su don. En el Conservatorio de Boston, conoce una noche a un compañero que es músico y entusiasta también del folk, David (Josh O’Connor), quien de inmediato llama su atención… David queda cautivado por la hermosa voz de Lionel y su auténtica conexión con estas canciones.

Y aún cuando viven un gran romance universitario los rodea una sensación de melancolía que lo impregna todo, con cielos grises de invierno y habitaciones vacías y sin color. Todo llega a su fin cuando David es reclutado para luchar en la Primera Guerra Mundial, dejando a Lionel devastado. O’Connor brilla por su presencia carismática y a la vez discreta que nosotros, como espectadores, también lo extrañamos muchísimo.

Lionel tristemente regresa a la granja con sus padres. Pasan los años y la salud de su madre decae y para colmo su padre repentinamente muere de un infarto. El triste velorio ya para cuando cae la noche, y los vecinos cantan ante la fogata, Lionel puede realmente llorarle a su padre al ritmo de la voces y el fuego.

Después de ese trágico suceso, los amantes se reencuentran varios años después cuando David invita a Lionel a un viaje por Nueva Inglaterra, donde grabaran canciones populares así como relatos orales para un proyecto de la Universidad donde ahora da clases de música David. Lionel acepta y allí, evocan su propio mundo privado de romance y música pura. Su devoción se expresa no tanto en palabras, sino en el poder trascendental de las canciones que recopilan de la gente trabajadora más común, baladas de una belleza conmovedora que han pasado de generación en generación.

Pero las cicatrices mentales de la guerra y la vida en las trincheras han marcado a David creando después del tiempo una gran muralla entre ambos mientras que Lionel se siente frustrado por su incomprensión de la vida de la clase trabajadora. Al terminar el viaje ambos regresan a sus vidas cotidianas. Lionel se cansa de escribirle a David cartas sin respuesta por lo que decide viajar por el mundo para tratar de aliviar el dolor por la ausencia de su amado. Con el paso de los años vemos a Lionel crecer y lograr construir un mundo más amplio para ser feliz.

Hermanus eligió dirigir esta hermosa historia adaptada por Ben Shattuck de sus cuentos “The History of Sound” y “Origin Stories”. El resultado es una cinta que avanza a su propio ritmo pausado, deteniéndose en silencios, rutinas y canciones populares que transmiten historias culturales específicas en lugar de un atractivo general. Su paisaje musical, cuidadosamente construido, impregnado de las tradiciones populares estadounidenses tempranas, le da a la película su atmósfera. En cualquier caso, el estilo de Hermanus se muestra seguro de sus decisiones, dispuesto a dejar que la música y que las excelsas interpretaciones de Pascal y de O’Connor hagan el trabajo pesado, al exponer a Lionel y David librando batallas tanto externas como internas. Aunque el verdadero golpe al alma lo da el maravilloso Chris Cooper como un Lionel mucho mayor en el epílogo.
En esencia, “La historia del sonido” es una historia de amor profundamente contenida que florece a través de miradas furtivas, armonías conmovedoras y silencios elocuentes. La música sirve como el vehículo principal que permite que esta relación florezca, alcanzando una intensidad y poder inigualables. La esencia misma de la historia se encapsula en la profunda reflexión de Lionel: “Nunca se me ocurrió que la música fuera solo sonido”. Esta frase eleva la música más allá de un simple arte, equiparándola al amor en su trascendencia, independientemente del género.

