“Scream 7” no solo es brutal y llena de suspenso, sino también profundamente personal. Regresa a sus raíces y trae de vuelta a los personajes que tanto queremos, ahora más maduros y complejos, que se enfrentan a un Ghostface más sádico y sediento de venganza que nunca.
La franquicia “Scream” siempre ha caminado por la cuerda floja entre la sátira consciente de su género slasher y el terror de verdad. Con “Scream 7,” su director y guionista Kevin Williamson regresa a la saga a sus raíces emocionales, entregando una película que no solo es brutal y llena de suspenso, sino también profundamente personal. Esto gracias al retorno de la amada y Scream Queen, Neve Campbell. Ningún fan de la saga quedará decepcionado de esta entrega, se los aseguro.

Desde la ya famosa y clásica primera escena que caracteriza a la saga, “Scream 7” deja claro que no se trata de una secuela más diseñada para explotar la nostalgia. Ghostface viene con todo para hacer la pantalla arder, literalmente, y dejarnos claro que el pasado sigue vivo y la sed de venganza no ha terminado.

Obviamente sin dar spoilers, puedo contarles que en esta ocasión la trama gira en torno a una premisa interesante: la hija de Sidney se convierte en el próximo objetivo de Ghostface. El asesino como es usual no es casual. Cada llamada, cada asesinato, cada pista está diseñada para recordarle a Sidney que, por mucho que corra, el pasado siempre la encontrará.

La película explora qué sucede cuando el trauma nunca desaparece del todo y cómo los pecados del pasado inevitablemente encuentran nuevas víctimas, en este caso Tatum (Isabel May), la hija mayor de Sydney y su círculo de amigos. Woodsboro quedó atrás y el asesino no quedó del todo contento que Sydney prefiriera a su familia en vez de enfrentarlo en Nueva York en su ataque pasado.

Sidney ha logrado construir una vida lejos de su pasado violento y por fin, tiene una familia, estabilidad y algo que nunca ha conocido realmente: la paz. Su vida parece la de una madre sobre protectora común y corriente. Pero más que nada llena de amor familiar y los típicos roces de tener a una hija adolescente que solo quiere divertirse con sus amigos y enamorarse. Esa paz se rompe cuando surge un nuevo asesino Ghostface, arrastrándola de nuevo a una pesadilla que creía enterrada hacía mucho tiempo.

A medida que aumenta el número de muertos, la pregunta ya no es solo “¿Quién es el asesino?”, sino “¿Por qué ahora?”. Existen un sin fin de referencias al legado de todas las cintas a través de estos 30 años desde que estreno y sirve como un delicioso banquete a la nostalgia de todos los fans de la saga.

El público reconoce que Campbell es fundamental para esta historia, y además es una actriz sólida que nunca exagera el terror. Nos entrega una Sydney preparada para enfrentar la situación cuando su hija hereda la maldición de Ghostface, y que luchará hasta la muerte por defenderla del horror que ha sido su vida pasada.
El boleto del cine para “Scream 7” ya valió la pena, no solo por el regreso de Sydney, sino también por ver cómo ha evolucionado su relación con Gale Weathers (Courtney Cox) después de tres décadas. Lo más importante es que, por primera vez en la historia de la franquicia, tenemos a Williamson dirigiendo. Esto resulta en un cambio de tono más crudo y oscuro para la saga de “Scream”, con escenas que capturan a Ghostface de una manera tan amenazante que da escalofríos. Además, las muertes son mucho más gráficas y brutales que en cualquier otra película anterior. Tanto los fans como los nuevos espectadores disfrutarán de esta cinta sin duda alguna.
