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Después de mucha espera, por fin podemos disfrutar en la pantalla grande de “Proyecto fin del mundo”, la adaptación cinematográfica de la novela homónima de Andy Weir. La película confirma la excelencia actoral de Ryan Gosling, quien sostiene con éxito un monólogo espacial emotivo por más de dos horas y media.

La cinta arranca Ryland Grace (Gosling) despierta de un coma inducido de varios años a bordo de una nave espacial, siendo el único sobreviviente de una misión a los confines de la galaxia. Sin recordar con claridad el propósito de su misión, Grace deduce, basándose en el contexto, sus pertenencias y su conocimiento de ciencia avanzada, que su tarea es descubrir por qué Tau Ceti, una estrella en particular, parece ser inmune a la destrucción causada por un microorganismo llamado Astrofago.

A través de flashbacks, nos enteramos de que Astrofago ha empezado a debilitar el brillo del Sol de la Tierra. En 30 años, la mitad de la población mundial podría morir por una hambruna y un conflicto catastróficos. Grace fue reclutado por la agente gubernamental Eva (Sandra Hüller) para unirse a un grupo de trabajo internacional que busca resolver esta amenaza.

Al llegar a Tau Ceti, descubre otra nave espacial alienígena. Ahí conoce a una criatura a la que llama Rocky por su apariencia rocosa, y tras algunos intentos fallidos, ambos logran comunicarse. Su objetivo es el mismo: descubrir por qué esta estrella está a salvo de los Astrofagos, para así salvar sus respectivos planetas.
Pero la esencia de está historia en la creciente amistad entre Grace y Rocky, y su sencillez es lo que hace que esta película sea tan impactante. Los directores Phil Lord y Christopher Miller, responsables de películas como “Lego – Película” y la saga de “Spider-Verse”, dominan el tono a la perfección, y aquí equilibran la seriedad de la historia con una ligereza y generosidad de espíritu.

La producción utilizó efectos prácticos y marionetas para dar vida a Rocky, en lugar de CGI, y hay algo en esa cualidad táctil que profundiza la conexión del público con el personaje. Todo esto fue un arduo trabajo según expresaron en conferencia de prensa, junto Gosling, durante su visita para la premiere mexicana en CDMX.

En fin, “Proyecto fin del mundo”, con un presupuesto de casi 200 millones de dólares, logra ser visualmente impresionante. Pero lo que realmente la distingue es la conmovedora relación entre Grace y su hermano alienígena, Rocky. En estos tiempos de crecientes ansiedades mundiales, esta historia de inesperada hermandad resuena particularmente. Una película que ofrece un respiro y deja una sensación de optimismo es un tesoro invaluable.
